26.2.18

¿Querrán las máquinas hacer nuestros trabajos de mierda?


En el improbable caso de que una renta básica universal hubiera sido implantada y el trabajo fuese algo voluntario, hay muchas cosas que ninguna persona querría hacer. ¿Quién se ocuparía de esas tareas? La respuesta típica es que lo harían los robots. Pero cabe plantearse ¿lo aceptarían?

Me refiero a esos trabajos que, da igual cómo se plantee, nadie aceptaría si supiera que tiene un ingreso suficiente garantizado. Nadie estaría dispuesto a meter la mano en el váter de otro, a limpiar traseros o recoger basuras.

Es larga la lista de tareas desagradables y mal compensadas que son, sin embargo, indispensables para el funcionamiento de una sociedad moderna. Solo las máquinas podrían mantener el sistema en marcha.

La pregunta es: ¿querrán hacerlo? ¿No les molestará limpiar nuestros baños, planchar nuestra ropa o servirnos el café? La respuesta depende de cómo entendamos la inteligencia artificial.

Una perspectiva clásica es la del robot como sirviente altruista, tal y como lo vislumbraba Asimov. Pero si el androide funciona como receptáculo de su propia persona, puede ocurrir que decida que no quiere dedicar su existencia a desinfectar retretes. Esto encaja con la visión del robot como un humano de metal.

Encontramos un vago ejemplo en Star Wars: una sociedad esclavista donde androides dotados de individualidad sujeta a un cuerpo sintético se hallan al servicio de seres orgánicos. El concepto se explora más en Blade Runner, donde sí se apuntan los problemas filosóficos derivados de los sueños y esperanzas, la falta de libertad y el deseo de vivir de las máquinas.


En un contexto así no podemos garantizar que los robots acepten, sin más, dedicarse a hacer esos trabajos de mierda que los seres humanos no quieren.

Si cada uno de ellos es un todo en sí mismo, un individuo, es presumible que desarrollen conciencia no solo de su propio ser, sino de lo que están haciendo. Puede llegar un momento en que el Roomba se dé cuenta de que su existencia se reduce a limpiar suelos, y decida que quiere algo mejor.

Pero, ¿qué ocurre si aplicamos a la inteligencia un modelo de colmena, lo cual parece más probable dada la evolución de la tecnología?

La propuesta actual, algo alejada de la ciencia ficción clásica, se basa en una superinteligencia que emana de todos los dispositivos conectados en red; esto es, cada procesador forma parte de un un único cerebro global y cada terminal es una célula del mismo superorganismo.

Los robots que están limpiando los váteres o barriendo las calles no son conscientes de que lo están haciendo, del mismo modo que los glóbulos rojos no son conscientes de que distribuyen oxígeno.

Es un proceso automático, una función refleja. Esto es conveniente porque así no hay opción de que decidan un día dejar de hacerlo. Incluso los peores trabajos en nuestro cuerpo - pensemos en el intestino grueso - son realizados de forma mecánica por millones de células que trabajan sin percepción de sí mismas. Pero el conjunto, el cuerpo que constituyen, sí es consciente - o lo parece -.

El problema es que, aun descartando la opción de robots individuales dotados de personalidad y sueños, cabe preguntarse si la superinteligencia querría ocuparse de nosotros. En un mundo post-laboral, la única forma de garantizar nuestra pervivencia como especie sería contar con la magnanimidad de las máquinas. Esto es, que les dé la gana mantenernos con vida como parte de su propia homeostasis. Pero, ¿lo harán?

¿Qué gana la inteligencia artificial con ello? ¿Por qué ocuparse de alimentarnos, curar a nuestros enfermos, cuidar a nuestros ancianos o construir nuestras casas y dotarlas de energía, utilizando para ello sus células robóticas y sus propios recursos?

Entran en juego factores como la empatía y la compasión, debiéndonos plantear hasta qué punto será sentiente la superinteligencia o simplemente una colmena de proporciones inimaginables. En caso de que desarrolle consciencia, no podemos saber si simpatizará con nosotros, queriendo conservarnos llena de piedad, o preferirá abandonarnos al caos para que nos autodestruyamos como otro peldaño superado en la evolución.

2 comentarios

  1. Hombre. Si desarrollan (o mejor dicho: les permitimos desarrollar) inteligencia no creo que quieran hacerse cargo de nosotros.
    Creo que el ser humano es el mejor ejemplo de que no todos los seres inteligentes son malos, pero sí todos los malos son inteligentes.

    Además, mira que me parece tontería crear criaturas mil veces mejor que nosotros a nivel físico (más fuerza, no se cansan...) y hacerlos inteligentes a propósito.

    Sería el tipo de estupidez que el ser humano estaría dispuesto a hacer.

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    1. Bueno, disiento en lo de que todos los malos son inteligentes, yo he conocido a muchos idiotas malvados.

      Lo de las máquinas es toda una historia. Que quieran hacerse cargo de nosotros más que de la inteligencia depende de la empatía y de su "personalidad" y su propia ética.

      En cuanto a que sea mala idea o no hacerlas inteligentes, no se ponen de acuerdo. A Stephen Hawking por ejemplo le parecía un suicidio, a los de Google les parece genial. En cualquier caso ya está ocurriendo.

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